domingo, 12 de junio de 2016

¿Y tú... eres grande?

Hace unas semanas, empecé a tener el siguiente pensamiento: ¿Realmente estoy logrando algo? Ese pensamiento estuvo dando vueltas en mi cabeza e incluso fue tan fuerte, que empecé a sentirme frustrada con mi vida. Creo que todos hemos pensado y sentido lo mismo en ciertas ocasiones, en especial cuando cerramos ciclos, logramos metas y nos preguntamos y ¿ahora qué? ¿qué sigue?

Estuve así, hasta que hoy obtuve la respuesta a lo que me había estado atormentando y dando vueltas. Mientras estaba sentada y trataba de sentir realmente la respuesta de un Dios Todopoderoso, que sé que me escucha, leí lo siguiente: "la verdadera grandeza no viene del éxito en el mundo, sino de los miles de actos… de servicio y sacrificio que constituyen el dar o perder la vida por nuestros semejantes y por el Señor"- Howard W. Hunter. Realmente al leer lo anterior, todo se hizo claro: Estaba buscando la aceptación de otros, ser reconocida ante el mundo, ante los ojos de los demás,  (que aclaro, no está mal buscar grandeza), sin embargo cuando esa grandeza reemplaza las cosas importantes de la vida, como la familia, los amigos, tú pareja y hasta a ti mismo, indudablemente las cosas no marchan bien.

Mientras leí esto, vi a mi mamá, sentada a la par mía, esa mujer que para el mundo puede no tener títulos, pero que es una mujer que ha logrado grandeza en mi vida, quién se ha desvelado cuando he estado enferma, quién sin quejarse me ha cuidado por 26 años, quién ha trabajado toda su vida por darme lo mejor. Vi a mi papá, un hombre alto, esbelto, a quien le empiezan a salir canas, que no importando su edad, sigue estudiando y trabajando todos los días, se levanta temprano y sale a las 6 am y regresa hasta las 8 pm... un padre dedicado, amoroso y responsable. En fin, veo a tantas personas a mi alrededor y viene a mí mente ¿y tú, preocupándote por encajar? ¿por ser reconocida?

Nuevamente, con esto no quiero decir que esta mal lograr éxitos y buscarlos diariamente, ¿por algo estamos aquí o no?
Con esto quiero decir que recordé nuevamente que no necesito ser reconocida en el mundo, no necesito 100 títulos, no necesito tener fama, ni todo el dinero del mundo. 
Para mí, ser grande significa estar agradecida con lo que se tiene y con lo que tampoco se tiene, ser grande significa no rendirse nunca, significa caer innumerables veces, fracasar pero salir adelante. Significa llevar la frente en alto, siendo correcto, digno e íntegro. La grandeza no es algo que se logre de un día para otro, es algo que conlleva esfuerzo y pequeñas decisiones correctas.

La frustración que sentía por pensar que no estaba logrando nada, quedo atrás, puede que los resultados de lo que hoy estoy haciendo no los vea en esta vida, puede que sean mis próximas generaciones los que vean el fruto de mis esfuerzos. Puede que mi nombre no trascienda y ¡está bien! mi felicidad está en pequeñas cosas, como tener dos papás, cuatro hermanos, una perrita traviesa, un hogar, una casa, etcétera. 
Mis metas continúan y los éxitos tarde o temprano vendrán... pero mi grandeza no será medida por este mundo, sino por los ojos de un amoroso Dios.